domingo, 20 de septiembre de 2015

Curiosidades de Hija de sombras y luz de estrellas.

Para los que la han leído, quiero decirles que no comenzó de la manera en que lo hizo. Los primeros pasos de la historia incluso fueron  un ejercicio creativo, donde tiendo a soltar palabras de manera despreocupada, sin darles un fin. Por lo que, su nacimiento fue un accidente.

A continuación les comparto uno de los primeros párrafos, pues, hubieron unos dos antes -que eran mucho más escuetos-.

Érase una vez un joven aventurero que atizaba el fuego de su improvisada fogata que, espoleaba la penumbra de un bosquejo que se cernía sobre él y su peculiar acompañante: un dragón de agua.
Él le llamaba Aquer. No era más grande que una ardilla de madura edad. Su cuerpo viscoso no se extendía más que el alargado cuello que se alzaba esbelto como sus alas pequeñas similares a un murciélago. Aquer estaba improntado de un color azulino en cada una de sus escamas, sin embargo, sus ojos resplandecientes cual oro líquido eran lo más llamativo de él, puesto una singular nobleza revoloteaba en ellos. Aunque, había algo más: susurros enmudecidos. A veces, el aventurero, se pasaba horas contemplándolos, deshilvanando lo que creía eran secretos. Aunque, éste no era uno de aquellos momentos. Estaba inquieto. Fuera del resguardo de luz, entre las sombras y las copas de los árboles, silbaba un vetusto viento que traía consigo la inusitada sensación de que la noche tejía algo realmente sibilino. No, no era la noche, sino, algo en ella.

La segunda revelación, es que no existía Celiam, incluso se trataba de un protagonista, en ese entonces, sin identidad. 

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